Cuando pensamos en mejorar nuestro rostro sin recurrir a la cirugía, los rellenos dérmicos se han convertido en una de las opciones más seguras, eficaces y versátiles. Sin embargo, todavía muchas personas asocian este tipo de tratamiento con resultados artificiales, exagerados o poco armónicos.
La realidad es que, en manos expertas, los rellenos dérmicos pueden mejorar, rejuvenecer y equilibrar el rostro de forma sutil y completamente natural. El secreto está en el diagnóstico, la técnica… y en saber cuándo no hacer más.
En este artículo te explico qué son exactamente los rellenos dérmicos, qué se puede tratar con ellos y cómo conseguimos que el resultado sea armónico, discreto y fiel a tu identidad facial.
¿Qué son los rellenos dérmicos?
Los rellenos dérmicos son sustancias que se inyectan bajo la piel con el objetivo de:
- Restaurar volumen perdido.
- Corregir arrugas o surcos.
- Reposicionar estructuras que han descendido.
- Realzar o definir zonas faciales.
- Reequilibrar proporciones.
El más utilizado (y seguro) es el ácido hialurónico, una molécula presente de forma natural en nuestro cuerpo, que hidrata, da soporte y mejora la elasticidad de los tejidos.
¿Qué zonas se pueden tratar con rellenos dérmicos?
La versatilidad del ácido hialurónico permite trabajar prácticamente todo el rostro, adaptando el tipo de producto y la técnica a cada zona:
- Pómulos: para dar soporte y volumen perdido.
- Surcos nasogenianos y líneas de marioneta: para suavizar pliegues sin rigidez.
- Ojeras: para corregir el hundimiento y la sombra oscura.
- Labios: para hidratar, definir o aportar volumen.
- Mentón y mandíbula: para definir contornos y armonizar el perfil.
- Sienes: para rellenar zonas hundidas por pérdida de grasa.
- Nariz (rinomodelación): para suavizar irregularidades o levantar la punta sin cirugía.
¿Cómo conseguimos un resultado natural?
La clave está en tres pilares:
Diagnóstico facial personalizado
Antes de aplicar cualquier relleno, realizamos un análisis completo del rostro: proporciones, simetría, envejecimiento, rasgos personales. No se trata de rellenar por rellenar, sino de entender qué estructura necesita soporte, qué zona ha perdido volumen o cómo mejorar una expresión cansada sin modificar la identidad.
Elección del producto adecuado
No todos los ácidos hialurónicos son iguales. Elegimos el tipo de relleno en función de:
- La densidad (más fluido para zonas móviles, más estructurado para zonas profundas).
- La cohesividad y elasticidad.
- El comportamiento del tejido: algunas zonas necesitan rellenos que se integren rápidamente; otras, que mantengan forma y proyección.
Técnica precisa y volúmenes controlados
La técnica lo es todo. Un tratamiento natural se basa en:
- Infiltración en planos anatómicos seguros.
- Pequeñas cantidades repartidas estratégicamente.
- Uso de cánula o aguja fina según el objetivo.
- Corrección progresiva, muchas veces en varias sesiones.
- Evitar el exceso: “menos es más” cuando se busca naturalidad.
¿Qué resultados se pueden esperar?
Un buen tratamiento con rellenos dérmicos no transforma, sino que:
- Rejuvenece el rostro de forma global.
- Devuelve soporte a zonas hundidas o flácidas.
- Mejora el contorno facial sin cirugía.
- Corrige asimetrías sutiles.
- Aporta hidratación y firmeza.
Y todo ello sin perder expresividad, sin rigidez y sin exageraciones.
¿Cuánto duran los rellenos dérmicos?
Depende del producto, la zona tratada y el metabolismo del paciente. De forma orientativa:
- Rellenos estructurales (mandíbula, pómulo, mentón): 12–18 meses.
- Rellenos en zonas móviles (labios, ojeras): 6–12 meses.
- Skinboosters o hidratación profunda: 4–6 meses.
El tratamiento puede mantenerse con pequeñas sesiones de revisión o retoque anual.
¿Es doloroso el tratamiento?
No. Todos los productos que utilizamos en consulta incluyen lidocaína, un anestésico local. Además, aplicamos anestesia tópica o local según el caso. Las molestias son mínimas y el paciente puede retomar su rutina habitual ese mismo día.
¿Qué pasa si ya me he hecho rellenos y no me gustó el resultado?
Si el resultado anterior fue artificial, asimétrico o excesivo, podemos:
- Esperar a que se reabsorba naturalmente (si no se usó mucho producto).
- Aplicar hialuronidasa (enzima que disuelve el ácido hialurónico) si es necesario.
- Diseñar un nuevo plan desde cero, con técnica personalizada y resultado natural.
Preguntas frecuentes sobre rellenos dérmicos
¿Se nota mucho que me he hecho algo?
No, si está bien hecho. El objetivo es que te veas mejor, más descansado, más equilibrado… sin que nadie note qué te has hecho.
¿Los resultados son inmediatos?
Sí, aunque puede haber una leve inflamación los primeros días. El resultado definitivo se aprecia a los 7–10 días.
¿Los rellenos pueden deformar mi rostro con el tiempo?
No, si se aplican correctamente. El problema aparece con el exceso de producto, la falta de criterio o el uso continuado sin plan. Por eso es clave ponerse en manos de un médico experto.
¿Los rellenos son reversibles?
Sí, el ácido hialurónico se puede disolver con una enzima llamada hialuronidasa en caso necesario.
Naturalidad y equilibrio, sin cirugía
Los rellenos dérmicos con ácido hialurónico bien indicados permiten rejuvenecer y embellecer el rostro sin alterar tu expresión ni tu identidad. No se trata de cambiar quién eres, sino de resaltar tu mejor versión, de forma progresiva, segura y con criterio.
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Te explicaré con honestidad si este tratamiento es adecuado para ti, qué zonas se pueden mejorar y cómo lograr un resultado sutil y elegante.
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